A finales del siglo XIX, el director del hospital psiquiátrico de Londres muere accidentalmente. El Dr. Harrison es elegido para sucederle. Pero para ello, la tradición dicta que primero debe rehabilitar a un paciente de su elección.
Donald Collins será ese paciente. ¿Su condición? Esquizofrenia, que le lleva a creerse Sherlock Holmes. Esta esquizofrenia no hace más que empeorar a medida que avanza la historia, cuando confunde a su médico con el Dr. Watson y resuelve algunos misterios menores.
La situación da un giro aún más dramático cuando se ve envuelto con Moriarty en un increíble robo de diamantes (el infame Ojo de Hierro), lo que lleva a este peculiar grupo de lunáticos a los confines de Escocia en busca de gallinas sagradas. Un relato inverosímil digno del mismísimo Conan Doyle.
A finales del siglo XIX en Inglaterra, la reina comienza su día con las últimas noticias del Sacro Imperio Romano Germánico y se entera de que el gallinero real se ha derrumbado. Desconsolada, llama a la policía y a la guardia real.
En esta segunda entrega, nos reencontramos con Donald Collins, nuestro esquizofrénico que se cree Sherlock Holmes, y su médico, el Dr. Harrison, a quien Collins confunde con Watson, en una emocionante persecución por Londres.
El científico loco Moriarty ha creado un robot gigante con forma de imán que se alimenta de metal, atrayendo desde el tornillo más pequeño hasta la locomotora que nuestros héroes utilizan en su huida. ¡El pánico se apodera de la ciudad! Una joya de disparate y absurdo, este relato, con su humor tan británico, hará las delicias de los aficionados a los apocalipsis y a las aves de corral.


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