La historia inédita del médico de Edimburgo que sirvió de modelo a Arthur Conan Doyle para crear a Sherlock Holmes, y sus aventuras en los bajos fondos de la Gran Bretaña victoriana.
En el Edimburgo del siglo XIX, el cirujano Joseph Bell era conocido por su extraordinario talento para la deducción y el diagnóstico. Para asombro de quienes lo observaban en el Royal Infirmary, era capaz de determinar las dolencias, la ocupación y los hábitos personales de un paciente con un solo vistazo. Aunque para Bell tales facultades deductivas resultaban algo «elemental», ejercieron una profunda influencia en un estudiante de medicina que empezaba a hacer sus pinitos en la escritura: Arthur Conan Doyle. No pasó mucho tiempo antes de que los métodos de Bell inspiraran la creación del detective más emblemático de la ficción.
Desde su primera aparición en 1887, Sherlock Holmes se ha convertido en un fenómeno mundial. Sin embargo, el hombre a quien Conan Doyle señaló como prototipo de Sherlock ha quedado relegado a la sombra. En SLEUTH-HOUND, la autora superventas según el New York Times, Lindsey Fitzharris, coloca a Bell en el centro de la escena, relatando cómo su labor lo llevó de las salas del hospital a los tribunales, actuando como un detective médico que investigaba asesinatos y otros delitos. Trabajó estrecha y discretamente junto al cirujano policial Henry Duncan Littlejohn y a un pionero experto en balística llamado Dr. Watson; incluso colaboró con Conan Doyle para lograr la anulación de una condena por homicidio. Sus investigaciones forenses lo llevaron desde callejones iluminados por faroles de gas hasta los elegantes salones de la «Edad Dorada», poniéndolo tras la pista de envenenadores y asesinos de niños, e involucrándolo, además, en la búsqueda de Jack el Destripador.
Al examinar un rasguño en un escritorio, un rastro de ceniza de puro o la más mínima peculiaridad en la forma de caminar de un hombre, Bell era capaz de convertir los indicios más insignificantes en revelaciones. Su mente aguda transformó para siempre nuestra manera de interpretar los cuerpos, detectar delitos y administrar justicia.











